He aquí un fragmento de Uno, Dos, Tres (1961, One, Two, Three), película del inefable maestro Billy Wilder considerada inexplicablemente menor, un fragmento que no es ni mucho menos el mejor de la película, pero que dedico con cariño a mi compañero… perdón, compañera Loreta. Recomiendo vivamente la visión de esta alocada, cardiaca y corrosiva comedia.
Hoy traigo uno de los monólogos (participan 2, pero es un monólogo digáis lo que digáis) más famosos del cine, y también de los más influyentes, desde la castiza Vivancos III hasta ¡Guardias!¿Guardias? de Terry Pratchett. Aunque, de nuevo, la traducción trastoca una frase mítica, a quien más y quien menos le viene la imagen adecuada a la cabeza cuando digo “Lo que deberías preguntarte es… ¿Es hoy mi día de suerte?”.
Me refiero, claro está, a Harry el sucio (Dirty Harry, 1971), de Don Siegel, primera de una saga de 5 películas policiacas que tienen como protagonista a Harry Callahan, un policía con unos métodos poco ortodoxos, pero muy efectivos.
Y para muestra un botón. Tras una persecución y un tiroteo, tenemos esto…
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Hoy hace 30 años (llego por poco, pero llego al día) uno de los grandes genios del humor nos dejó para siempre. Julius Henry Marx, o Groucho Marx, como se le conocería para siempre, murió a causa de una neumonía. Se dice que mandó poner en su lápida un mensaje póstumo, Perdonen que no me levante. Nunca me extrañó, por lo que se dice de la personalidad de este genio, pero ha resultado ser falso. Mejor, muchos nunca le perdonaremos que no se vuelva a levantar.
Hoy, como homenaje, os traigo de nuevo una de sus películas, y mi favorita: Sopa de ganso (Duck soup, 1933).
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Bueno, bueno, después de un lapsus internetil vuelvo a la carga con una de esas películas que uno nunca se cansa de ver, épica, apoteósica, inolvidable, dirigida por un maestro entre maestros como fue Stanley Kubrick y protagonizada por el mítico actor del que todos siempre nos hemos preguntado cómo se afeita el mentón, me refiero a Kirk Douglas y la película, Espartaco (Spartacus, 1960). Esta brillante y metafórica escena (escrita por Dalton Trumbo) que os presento fue censurada por los motivos que todos conocemos y no fue hasta el año 1991, año en el cual se restauró la película, que pudimos disfrutarla. Como curiosidad, apuntar que en el original hubo un problema al realizar la restauración, ya que el actor que daba vida a Crassus, Laurence Olivier, había fallecido, por lo que hubo que recurrir a un actor que lo imitaba perfectamente: Anthony Hopkins. Curioso ¿verdad?
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Esta vez voy a meterme en el terreno de mi compañero, y hoy os traigo uno de los finales más recordados (y generalmente peor recordados) del cine; el de Lo que el viento se llevó (Gone with the wind, 1939). Esta película narra los pesares de una niña de papá del bando confederado tras la derrota en la guerra de secesión, sus matrimonios y su encaprichamiento con un hombre “con más cara que espalda”, capaz de mandarla a tomar vientos en las líneas finales de la película. Lástima que las reglas de aquel entonces no permitieran que Clark Gable dijera el tan acostumbrado “Me importa un bledo”…
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Por fin ha llegado el momento de desvincularme de la comedia. De demostrar que mis vistas se extienden más allá. Y para ello he elegido un “diálogo” que no es realmente un diálogo.
¿Quién no ha mirado a un espejo y repetido las palabras de Robert De Niro en Taxi driver (Taxi driver, 1976) (u otras chulerías por el estilo…)?
Este monólogo-diálogo de una de las grandes películas de Scorsese es uno de los más conocidos de la historia del cine. ¿Qué? ¿Que no? ¿Hablas conmigo? ¿Me estás hablando a mí?
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Si mi compañero/a corre el riesgo de encasillarse en comedia, yo hago méritos para hacerlo con los finales. No sé por qué, pero los finales de las películas son algo muy importante para mí, son el colofón, la guinda de una buena obra maestra, ese final que te deja con los ojos a punto de desbordarse, o una sonrisa de oreja a oreja… Aquí tenemos uno de esos finales, que te deja una de esas grandes sonrisas en el rostro por el resto del día; ya no sólo es una de las mejores frases para terminar una película, es algo más trascendente, como si los guionistas Billy Wilder y I.A.L. Diamond hubiesen vendido su alma al diablo para conseguir ese momento sublime… os hablo, como no, de Con faldas y a lo loco (Some Like It Hot, 1959).
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Pese a las posibilidades de encasillarme en dos especialidades, comedia y diálogos interminables, hoy os traigo un diálogo de un comienzo (por llevar la contraria a mi compañero, al que le gustan los finales) de la que, para mí, es la mejor película de los Hermanos Marx: Sopa de ganso (Duck soup, 1933). Sólo decir que, por absurdo que parezca, yo he usado la técnica de Groucho para ligar y… contra todo pronóstico, funcionó…
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Vamos con otro final, esta vez algo más adelante en el tiempo, concretamente el año 2019, durante un lluvioso noviembre en la ciudad de Los Ángeles. Basada en un relato de Philip K. Dick, nos evoca un mundo apocalíptico, donde nuestro protagonista, Harrison Ford trata de cazar replicantes, robots fabricados para ser mejores que los humanos, pero incapaces de sentir emociones o empatía. Por ello fueron declarados ilegales, y deben ser “retirados”. He aquí una escena mítica, que quedará para siempre en el recuerdo… hablamos de Blade Runner (Blade Runner, 1982).
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Hoy os traigo uno de los diálogos más absurdos, y a la vez, a su modo, llenos de sentido, de Monty Python’s Life of Brian. Estamos en el año 33, ocupación romana de Judea, y 4 personas trazan las líneas ideológicas de su partido en el coliseo de la ciudad…
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